Archivo de Mayo, 2006

May 31 2006

Ese bicho raro llamado “artista”

Publicado por Rojas en Artes plásticas

No hace mucho tiempo, un joven primo mío dibujante me preguntó qué es un artista; algo que, en principio, parece fácil de responder dada la sencillez de la pregunta. Sin embargo, una inquietud tan simple como esta ha sido el disparador de estériles análisis por parte de entendidos y eruditos del arte. No obstante, creo que podemos abordar de una manera más cercana el tema desde la perspectiva de un artista y, como tal, considero que lo mejor es llegar a una respuesta satisfactoria por descarte, es decir, dejando claro lo que no es. Dejemos por ahora de lado la concepción clásica del artista que atribuye a éste la condición o la habilidad de realizar cosas que son difíciles para los demás. Por ejemplo, no se es un artista sólo por el hecho de pintar o tocar un instrumento; aunque también es cierto que un artista no puede comunicar su arte si no domina la técnica que se lo permite. El asunto hay que enfocarlo al revés, es como el huevo y la gallina: primero se es un artista, por eso, necesito manifestarlo a través de alguna disciplina o actividad artística. Ahora bien, este “ser artista” es la condición por la cual mi cosmovisión es determinada por el modo en el que percibo la realidad, o sea, mi sensibilidad. Ojo, no confundir esta última con sentimiento o “pathos” puro. La sensibilidad se entiende como una especie de “sensor” que algunas personas afinan más que otras por diferentes circunstancias pero que todos poseemos de manera innata. En este sentido podemos afirmar que el artista no es mejor, ni peor y ni siquiera especial con relación al otro, sino más bien, diferente. Continuará…

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May 06 2006

La víctima de la tecnología

Publicado por amartinerro en Ciencia y técnica

Esta mañana de domingo me he levantado sin ganas de salir. Con esta lluvia, poco usual en estas fechas, no es raro tener pereza para hacer visitas familiares, ir de compras de primero de mes o quedar en el cine. Así que me encuentro con mi compañero fiel, el ordenador, para sumergirme en el ciberespacio, ese mundo paralelo. Como no hay mensajes entrantes, cierro el correo y me conecto a la página principal de novedades en tecnología. Allí puedo ver lo último en informática y comunicaciones: ordenadores de sobremesa, portátiles, ofertas de conexiones y móviles de última generación. Y es que en los últimos seis años la tecnología de consumo ha revolucionado nuestras vidas, por lo menos la mía. Antes salía de casa y sólo tenía que preocuparme por las gafas; ahora tengo que colgarme al hombro una mochila para transportar la agenda electrónica, el teléfono móvil, el reproductor de música y, si me queda espacio, el ordenador portátil. Tengo los cajones del escritorio llenos de cargadores de baterías, uno distinto para cada equipo, claro está. Y no quiero hablar de las cámaras digitales; tan compactas y pequeñas, tan esclavas de la batería sin embargo. Adiós a cargar con los rollos de película, pero no te vayas muy lejos de un enchufe. Lo peor de todo no es eso. Porque pasados seis meses todos estos cacharros han pasado a la obsolescencia más cruel. Puedes ahorrar durante dos, tres, cuatro meses quizá, para comprarte un ordenador, un teléfono móvil de cierto nivel o la réflex de mayor resolución, que al poco tiempo ha salido un modelo superior y por el mismo precio. O asumes estas reglas del juego o mejor vuelve al papel y el bolígrafo. Con lo que me gustaba recibir cartas. Seguir esta moda es aún peor que la de la ropa, es difícil resistirse, lo reconozco. Soy una víctima de la tecnología sin el menor de los remedios.

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