Jun 09 2007
Chicanos en la Casa (encendida)
Que en pleno siglo XXI sigamos sucumbiendo a los encantos del academicismo en la pintura, no puede menos que sorprender. En lo que respecta a los autores de las obras, no es tan grave –aunque tampoco válido– que todavía no hayan podido o no quieran superar un planteamiento estético casi renacentista y, por tanto, anticuado o desactualizado. Lo que deja mucho que desear es el criterio de los responsables que seleccionan lo que llega al público final.
A estas alturas, es hora de que se empiecen a asumir que estas propuestas panfletarias carecen de valor artístico siempre y cuando no se sepa conjugar una cierta armonía entre el aspecto plástico, o el fondo que da sentido y contiene a la imagen, y la materialización en la forma. En consecuencia, el resultado queda limitado por las meras descripciones o representaciones de posturas ideológicas proyectadas desde la sombra del anti-imperialismo o el anti-colonialismo, según sea el caso. Por eso es tiempo ya de dejar de utilizar la pintura sólo como instrumento publicitario –o de protesta que termina en algo anecdótico– y empezar a hacer más arte de una vez por todas.
